El sentimiento más puro proveniente del alma.
La razón más intensa del corazón.
Un estrecho nudo en la garganta
junto a la lejanía de tu adiós.
Sentimientos encontrados en una carta,
confiesan mi dolor.
La pérdida irremediable de tu cuerpo
en la tan sombría habitación.
El frio de un invierno desparejo,
de espaldas a tu amor.
Y el más puro de los silencios
en una desvariada canción,
que no contiene ningún verso,
de hurtadillas al dolor.
Sollozando los recuerdos,
lejanos como el sol.
Una melodía silenciosa,
cantada con pasión,
que expresa sentimientos
vacios y sin razón.
Papel húmedo y rasgado,
como el sonido de tu voz,
en una noche de tormenta,
sin ningún resplandor.
La frialdad de las paredes,
ocultan la razón, del abandono sistemático
de un verdadero amor.
Lágrimas ardientes,
cansadas de la humillación
que provoca el recuerdo dañino
de un solitario corazón.
Fotografías acompañadas de temor
por ver el rostro perfecto
de un enjuiciado señor.
Olvidos de un tiempo ambiguo,
ocultados por el dolor,
del que alguna vez dijo:
quédate a mi lado, amor.
Ya no restan palabras para expresar el ardor
que provoco tu cuerpo despojado del calor,
el que juntos consumimos
en una noche de pasión.
Días enteros de amargura,
sin contención alguna.
Y aquel mes tormentoso,
la silueta de tu cuerpo reapareció con sollozos.
Implorando perdones lejanos,
con un arrepentimiento en vano.
Ya demasiado tiempo ha pasado
para remendar lo olvidado.
Hoy solo resta el recuerdo
de un amor desvariado.
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