- Ahora bien: todas las cosas tienen remedio, si no es la muerte, debajo de cuyo yugo hemos de pasar todos, mal que nos pese, al acabar la vida. Este mi amo, por mil señales, he visto que es un loco de atar, y aun también yo no le quedo en zaga, pues soy mas mentecato que el, pues le sigo y le sirvo, si es verdadero el refrán que dice: "Dime con quien andas, decirme he quien eres", y el otro de "No con quien naces, sino con quien paces". Siendo, pues, loco, como lo es, y de locura que las mas veces toma unas cosas por otras, y juzga lo blanco por negro y lo negro por blanco, como se aprecio cuando dijo que los molinos de vientos eran gigantes, y las mulas de los religiosos dromedarios, y las manadas de carneros ejercitos de enemigos, y otras muchas cosas a este tono, no sera muy difícil hacerle creer que una labradora, la primera que me topare por aquí, es la señora Dulcinea; y cuando el no lo crea, jurare yo; y si el jurare, tornare yo a jurar; y si porfiare sobre el hito venga lo que viniere. Quizá con esta porfía acabare con el que no me envíe otra vez a semejantes mensajerías, viendo cuan mal recado le traigo dellas, o quizá pensara, como yo imagino, que algún mal encantador de estos que el dice que le quieren mal, la habrá mudado la figura por hacerla mal y daño.
Don Quijote de la Mancha.


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