viernes, 31 de agosto de 2012

Después del no

La luna redonda acompaña mi silencio. La noche se refleja calma sobre la soledad de la plaza. El camino angosto tiene la participación en todo esto y es el fiel ejemplo de aquel que no avanza. ¿Qué queda después de no haber nada, de descubiri que la vida se escurre como agua entre los dedos, que la bruma es agobiante, que el silencio, traicionero? Que es inadmisible e intolerable ansiar los besos, de aquel que no existe, que la luna decide hacerse cargo de eso.
¿Qué queda después de un no rotundo y barrera instramisible? ¿Cómo acariciar una vida diáfana, di todo aquel te da la espalda, y cómo encontrar la salida de un juego sin principio?
Para caer en la promiscuidad de un encuentro nos sobran adjetivos, el viento mese la soledad de la plaza, el camino angosto se enloquece, el recuerdo lejano me somete. Pienso en un ayer sin ningún mañana, en un libro lleno de sin palabras, en una canción carente de melodía, en la tibieza de un alma enajenada. 
Puede que comience a creer en la otra vida, en los espíritus y en los fantasmas. Puede que abrace tu silueta inexistente, puede que sujete tu grito permanente, puede que me desvanezca en las preguntas, puede ser que nunca progrese.
Después del no, hay mucho sí por delante. Aunque cueste.