Como ayer, como hoy, quizás como siempre, como lo eterno en la esencia de tu ser y el orgullo de las almas; vaga solitaria la muchacha por las calles del clamor.
Un suave ruido de ovejas acompaña su danza y seduce a su equipaje como sexo a la canción.
Vuela, vuela como burbujas de niño manso rebuscando el horizonte, sintiendo con los dedos el sin fin de la libertad. Y desde lo eterno de la vida, ella se prepara para ser lo que alguna vez, quizás, pueda soñar.
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