lunes, 21 de octubre de 2013

Los mareados



   La noche lluviosa de Julio parece un presagio de los acontecimientos pasados, un shock emocional de las generaciones venideras, una lámpara a punto de quemarse, el último rayo de luz del día, una hoja de cuaderno arrancada, una señal de la existencia.
Parece que tu presencia se aviva en mis pupilas y en el último lugar del mundo donde pensaba encontrarte, te encuentro. Rara… como encendida te hallé bebiendo linda y fatal… Y son estos instantes donde la lógica se desvanece, similar a un discurso político o un milagro del “mas allá”, donde se vislumbran todos los recuerdos de tu vida y donde… pena me dio encontrarte.
   Me mirás. Ya no puedo intentar, distraídamente, no sentir tu cuerpo en el lugar, tus ojos brillantes, tu melena al viento. ¿Cuántas veces me perdí en tus caderas? ¿Cuántas veces te absorbí todo lo que quise? ¿Cuántas? Pero el destino ponzoñoso insiste en encontrarte acá, en el recóndito lugar que elegí para olvidarte. Debe ser que las conexiones se inician una sola vez, ¿no?, ¿así era tu frase?
   Desdoblás las piernas, enredas tu bucle, escondés la mirada tus bellos ojos que tanto adoré… y terminás invitándome o invitándote a llorar juntos. Esta noche, amiga mía, el alcohol nos ha embriagado. Reís, llorás, gritás y volvés a empezar, yo simplemente te acompaño. ¡Que me importa que se rían y nos llamen los mareados!
   Pienso en las casualidades, en cómo evitar situaciones perdidas entre los vasos de ginebra, en tus problemas eternos que también son míos y que nadie nos puede quitar. Cada cuál tiene sus penas y nosotros las tenemos. Pienso que los años no nos han servido de mucho y que la madurez parece ahogarse en las botellas. Pero bueno, después de todo… esta noche beberemos porque ya no volveremos a vernos más.
   Las agujas del reloj corren la maratón de las olimpíadas y la aparición del cartel “cerrado” hace eco en nuestras retinas. Hoy vas a entrar en mi pasado, en el pasado de mi vida. No quiero que se termine, no todavía. Tres cosas lleva mi alma herida: amor… pesar… dolor… Te levantás y te quedás tiesa sin saber qué hacer. No puedo besarte, no lo permitirías. Hoy vas a entrar en mi pasado y hoy nuevas sendas tomaremos. Aunque quizás, nuestra historia lo merezca ¿verdad?
   Te desintegraste como un copo de nieve y me veo absorto en sensaciones paralelas. En el perfume de tus manos, el hueco de tu pecho, en los momentos compartidos, en las noches juntos, en las peleas, en los vidrios rotos, en los maquillajes corridos, en las puertas cerradas. ¡Qué grande ha sido nuestro amor!... Y sin embargo, ¡ay!, mirá lo que quedó…


Julieta

11/07/2013

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