Me duelen los
ojos, la vista, el alma de tanta injusticia,
los golpes, los
gritos, las madrugadas
interrumpidas,
las escaleras, los vecinos,
las palabras,
desgarradoras,
hirientes,
apuñaladas constantes.
Me duelen las
miradas, los reproches, las replicas,
los retos, los
llantos, las manos alzadas,
las sillas, los
almuerzos, las noches,
los puñales, los
gritos, las luces.
Me duele ver la
casa vacía, sin muebles,
sin presencias,
sin cuadros, sin pintura,
ver tu cara de
felicidad, de tranquilidad, de paz.
Cenar en el piso.
Me duelen las
intenciones, no corresponderte,
no vernos por un
año, pelear en cada encuentro,
no reconocerte,
no darnos el lugar
que merecemos,
que nos corresponde.
En alma y
espíritu, duele.
Me duele escuchar
ruidos extraños,
que mientas, que
llores, que ocultes cosas,
que la locura nos
separe,
que la envidia
los supere, no vernos,
no reírnos, no
compartir, privarnos
de felicidades,
de momentos y de gratitud.
Me duele, como
los puñales que lanzaste
y que incrustaste
en el blanco,
como las palabras
que marcaron mi cabeza,
la convirtieron y
la condenaron.
Duelen; las
manos, los dedos, los ojos, el rostro,
la sinceridad, lo
directo, lo contradictorio,
la hipocresía;
tú, vos, todos.
Me duele el
pasado en todo el cuerpo.
Julieta.
11/05/2012
Me acuerdo que cuando la escribí lloré mucho, que fue como volcar en un papel toda la mierda de esos años. Liberarme completamente.
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