sábado, 2 de noviembre de 2013

Congoja


Me duelen los ojos, la vista, el alma de tanta injusticia,
los golpes, los gritos, las madrugadas
interrumpidas, las escaleras, los vecinos,
las palabras, desgarradoras,
hirientes, apuñaladas constantes.
Me duelen las miradas, los reproches, las replicas,
los retos, los llantos, las manos alzadas,
las sillas, los almuerzos, las noches,
los puñales, los gritos, las luces.
Me duele ver la casa vacía, sin muebles,
sin presencias, sin cuadros, sin pintura,
ver tu cara de felicidad, de tranquilidad, de paz.
Cenar en el piso.
Me duelen las intenciones, no corresponderte,
no vernos por un año, pelear en cada encuentro,
no reconocerte, no darnos el lugar
que merecemos, que nos corresponde.
En alma y espíritu, duele.
Me duele escuchar ruidos extraños,
que mientas, que llores, que ocultes cosas,
que la locura nos separe,
que la envidia los supere, no vernos,
no reírnos, no compartir, privarnos
de felicidades, de momentos y de gratitud.
Me duele, como los puñales que lanzaste
y que incrustaste en el blanco,
como las palabras que marcaron mi cabeza,
la convirtieron y la condenaron.
Duelen; las manos, los dedos, los ojos, el rostro,
la sinceridad, lo directo, lo contradictorio,
la hipocresía; tú, vos, todos.
Me duele el pasado en todo el cuerpo.

Julieta.

11/05/2012


Me acuerdo que cuando la escribí lloré mucho, que fue como volcar en un papel toda la mierda de esos años. Liberarme completamente.

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