Todo comienza cuando la cama, chica de por sí, se convierte en un océano gigante si no está tu espalda enorme que arropa y arrulla mi otro cuerpo. Digo otro porque somos dos mujeres distintas que se separan, una cuando estás y otra que se va con vos cuando no estás. Es que la cama se volvió grande de repente y te aseguro, te aclaro, que ninguna frazada puede suplantar el calorcito de tu piel.
Es constante el ruido de la lluvia contra la chapa y yo te pienso, te imagino; desplomado en tu habitación por el cansancio, con ese sueño infinito que te nace y se instala ahí, rebelde, autoritario, que no tiene intereses en abandonarte ni vos en dejarlo ir.
Te imagino apoyado sobre la almohada, soñando todas las cosas que guarda tu inconsciente, desde locuras a maldades, desde ternura a cariños.
Te pienso loco, atrevido, distraído solo como vos sabés. Te pienso lindo, risueño, serio y perspicaz. te pienso enojado y directo. Te pienso feliz y sensiblón. Te pienso desde que los libros nos encontraron en un aula y el camino a casa se hizo de a dos.
Te pienso temerosa y desconfiada, a veces a un punto inmanejable, de celos y frenesí. Te pienso siempre, porque quizá te haz vuelto muy importante, tanto que causa mucho miedo, mucho temor.
Es que a uno se le nubla el razonamiento cuando el sentimiento impone su condición. O tal vez mi estupidez sea eterna, no encuentre cura y se agolpe en un rincón.
Hace mucho no me libero así, despreocupadamente, antes de dormir. Hoy no necesité estar triste, simplemente me bastó con extrañarte, con sentir la cama sin vos.
Y es, quizás, hasta mucho más grave. Porque, dejando de lado los anhelos (aunque me retraiga, aunque a veces diga que no, que si y que no) siento con plena seguridad que a tu cuerpo lo deseo acostado con el mio siempre. Mientras me dura la consciencia, o la inconsciencia, y las ganas de amarte así. Loca. No sé hacerlo de otra manera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario