miércoles, 31 de agosto de 2011

Un día en que Aureliano Segundo le hizo un reproche injusto, ella aludió la trampa y puso las cosas en su puesto.
- Lo que pasa - dijo - es que te quieres casar con la reina.
Aureliano Segundo, avergonzado, fingió un colapso de cólera incomprendido y ultrajado, y no volvió a visitarla. Petra Cotes, sin perder un solo instante su magnifico dominio de fiera en reposo, oyó la música y los cohetes de la boda, el alocado bullicio de la parranda pública, como si todo eso no fuera más que una travesura de Aureliano Segundo. A quienes se compadecieron de su suerte, los tranquilizó con una sonrisa. "No se preocupen", les dijo. "A mí las reinas me hacen los mandados".


Cien años de Soledad.
Gabriel García Márquez.
Página 247.

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