viernes, 20 de enero de 2012

Decir si


Seguía teniendo el papel perfectamente plegado en mis manos, cuando decidí  ir a buscarlo. Sin querer lo encontré en el mismo árbol y comprendí que ese árbol era especial, que ese árbol iba a ser el centro de todos nuestros encuentros, lo supe desde ese instante. Lo vi tan fuera de si, cabizbajo, como ido; tanto, que me arrepentí de no haber venido antes, de haberme demorado tantos días, casi una semana. Aún cuando me faltaban varios metros para llegar a él, y previendo que no pensaba levantar la cabeza, aunque sabía que alguien se acercaba, y que ese alguien podía ser yo, me cercioré definitivamente de que no tenía ningún grado de maldad.
Descubrí que cuando decía que me necesitaba lo decía enserio, que no se burlaba, ni pretendía hacerlo, que estaba desesperado. Pocas veces vi a personas tan vacías de luz y de alma. Las preguntas no habían desaparecido pero ¿Qué importaba? Había algo en al aire que lo hacía distinto, no solo la densidad, sino como un cosquilleo, algo indescriptible pero que al fin y al cabo me generaban bienestar, placer. Tenía una opresión en el pecho que me dificultaba la respiración, era violento, desgarrador.
El papel se soltó de mis manos, como si quisiera gritarle, decirle algo. El viento lo arrastró, lo envolvió y lo condujo a las suyas. Él cerró los ojos y lo apretó fuerte contra el pecho, lo reconoció, sintió el olor especial y solo después de unos minutos levantó la vista. Y nos vimos, por primera vez, con otros ojos, desde otra perspectiva, con otra disposición y de una manera muy distinta. Lo vi más especial que antes, más cauteloso, mas disciplinado, casi perfecto.
Me acerque sin ningún tipo de temor, con la precaución justa para no arruinar el momento y cegarme, me senté junto a él. Apoye mi espalda en el tronco y me quede así. Disfrute del silencio, aprendí a apreciarlo, a saber que es bueno. Yo no necesitaba hablar, mis actos hablaban por mí.

Me encantra cuando me inspiro

No hay comentarios:

Publicar un comentario