miércoles, 18 de enero de 2012

Viaje, enero 2012

Estuve todo el viaje pensando en lo que iba a escribir cuando termine y ahora que llegó ese momento no sé por dónde empezar. Voy a detallar las cosas que aprendí de mi país.
En términos generales, la gente del interior se lleva todos mis aplausos. Es impresionante como cambian las personas cuando te alejas de las capitales; es mucho más simple, buena y honesta. Estar comindo en la vereda de un restaurante y que alguien pase por la calle y te grite: "Buen provecho".
Pasar por caminos sinuosos en medio de la nada y que la gente a caballo te salude o te deje pasar primero. Que las collas defiendan su trabajo y hasta te vendan piedras, pero no mendigan.
Los mal educados estan en todas partes, hasta en La Quiaca, pero por suerte, se cuentan con los dedos de las manos,
El estúpido estereotipo social de que la gente en el norte es pobre. La pobreza está en todos lados. Pero tener una casa de adobe y techo de paja es tan digno como tener una mansión en San Isidro. Esa gente labura, en el campo, vende cosas, o lo que sea, pero LABURA.
La hospitalidad que le brindan a los turistas, aunque no la merescamos tanto. Porque los turistas son los que arruinan todo el paisaje tirando basura, escribiendo con aerosol y demás cosas.
Es una pena también, que esten "corriendo" la emplemática ruta 40, pavimentándola para fines turisticos. O que cambien el recorrido de un río para que puedan pasar los micros. Solo por el hecho de recaudar plata, me enferma, me hierve la sangre.
A nivel personal, era un viaje esperado hace muchos años y fue una gran revolución. Te lo pueden contar y detallar de mil maneras diferentes, pero las sensaciones que experimenta uno viendo esos cerros y transitando esas rutas son únicas.
Catamarca me sorprendió, para bien y para mal. La capital me pareció muy descuidada, en sí una provincia con poco amor hacia el lugar y la gente. La Cuesta de Portezuelo es un recorrido bellisimo. Fue la primera vez que ví cóndores en libertad, por suerte hubo más oportunidades, pero fue impactante.
Tucumán, increíble, me saco el sombrero. Nunca pensé que el jardin de la República podía llegar a ser tan hermosa. Si me tengo que quedar con un lugar, de todos los que ví, elijo la Selva de Yungas, me sentía Tarzan, espectacular. Y con las Ruinas de los indios Quilmes, no voy a hablar mucho de los sentimientos que se me mezclaron en ese momento, porque prefiero guardarmelos y que queden en un lugar bien intimo.
De Salta, bueno, por algo le dicen la linda. No se si yo estaba sensible o qué, pero me emocionó mucho. Punto para destacar, Animana. Sin palabras para describir lo que causó en mí ese pueblo.
Pero también, no puedo dejar de contar la historia de Jacinto, otra parte emocionante. Tiene trece años y talla la madera como los dioses, vive en un pueblo a ocho kilometros de la Garganta del Diablo en la Quebrada de las Conchas y se toma el colectivo para ir hasta allá que pasa en un horario determinado. Los ojos de ese nene me llegaban hasta lo más profundo de mi cuerpo, él no entendía por qué lloraba la boraerense boluda y ahora que lo escribo se me vuelven a llenar los ojos de lágrimas.
Jujuy, ya no sé qué decir de Jujuy, fue un millón de veces mejor de lo que lo imaginé. Ver esos cerros, esa Quebrada, los collas, que la gente masque coca como si tomara mate, no sé, no hay palabras. "Quebradeño a mí me dicen, porque nací en la Quebrada" Humahuaca fue increíble, tanto que hasta pensé en cambiar los rumbos de todo lo planificado mentalmente. La frontera en La Quiaca con Bolivia fue quedarse con la boca abierta por un largo rato.
No hay duda de que los Chikis son los capos del norte, no hubo lugar donde no se escucharan, tocaran o cantaran sus canciones. Se que uqeda un poco descolgado, pero tenía que decirlo.
Tratando de darle un cierre a todo esto, fue muy lindo conocer a toda la gente que conocí y con la que me puse a hablar en los hoteles, la calle o los micros. 
Me quedo con todas las cosas lindas de este viaje, me olvido de los desacuerdos, de las caras de culo y hasta de un poco del viaje a Iruya.
Creo que si no se dió hace tres años atrás fue por algo, quizás no lo hubiera disfrutado como lo disfrute ahora. Pienso que no hubo otra mejor manera de arrancar el año que ésta.

Amo mi país, amo a la gente del interior, amé este viaje. Gracias a todos los que lo hicieron posible; sino hubieramos ido esas trece personas, no hubiera sido igual.


Esto lo escribí a penas me subí al auto para emprender la vuelta. 
Sino lo escribí antes, fue por falta de tiempo y ganas.

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