No lo digo, tampoco lo oculto. Te extraño. ¡La pucha que se siente tu vacio! Se me marea el alma con tu silencio, con las palabras atragantadas y las cosas no dichas.
El desván de tus aciertos me deja en ruinas, una vez más. ¿Qué se puede hacer?
Como si quisieras iluminar el mar con una mísera linterna, imposible... asi me siento.
No hay lugar para mi en tu destierro, quizás me guardaste en el último cajón ¿quién sabe?
Ansío los versos que al salir de tu boca, alguna vez, me nombraron.
Una vieja automática. Una de las mejores, a mi gusto.
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