sábado, 23 de noviembre de 2013

Quizás no seas ahora, quizás no seas nunca; pero que bien se siente tu abrazo. Si tan solo permitimos querernos, lo demás se esfuma, es efímero, relativo; carece de todos los valores que le puedas adjudicar.
Vos no sabés si soy yo y yo no sé si sos vos, pero ¿acaso importa? Estamos vivos, vamos, vivamos. Me quiero comer el mundo pero sola me retraigo ¿me acompañás? ¿querés venir conmigo?
Yo prometo serte sincera, hablar con la verdad para lastimarte lo menos posible. Te prometo quererte, libre y apasionadamente. Te prometo aprender todo lo que me haga falta; conocer tus gustos, mimarte, consentirte. Te prometo enojarme para que después nos reconciliemos.
Te prometo descubrir si soy la mujer de tu vida.
Y si de pronto nos despertamos una mañana, nos miramos, y nos damos cuenta que sí; que sos vos y que soy yo. Entonces voy a sentir la plenitud de saber que ante mi, tengo al compañero de mi eterno camino.
Y si no es así, te voy a soltar la mano para que vayas y la busques. Para que la encuentres y puedas vivir todo lo que yo no puedo darte. Pero no por falta de recursos, sino por saber que hay otra persona allá afuera que se amolda perfectamente a tu locura.
Mientras tanto, mientas no sabemos nada y mientras intentamos ir descubriéndolo, abrazame fuerte, cerremos los ojos y miremos sin ver ¿qué sentís?

Sentirme bien conmigo misma al ver que sigo pensando exactamente igual. Que tu olor me resulta irresistible y que lo que yo siento cuando te tengo al lado, no es para dejarlo pasar. 

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