Permiso padre… ¿Cómo está?
¿bien?... si, otra vez yo por acá… si padre ya recé los catorce ave maría y los
veintisiete padres nuestros… no, bueno, tampoco tan así…. que los recé padre,
los recé, bien rezados, recitados y sentidos… no es por eso que vengo ahora,
sino para contarle lo que le ocurrió a Juanita… si, Juana Gutiérrez… sucede que
yo soy su amiga padre, entonces quiero ayudarla… claro padre, sería como una
lavada de culpas colectiva ¿me entiende? Una mano lava a la otra y juntas lavan
la cara ¿o no?... ¡no! ¡Esa es Juana Di Carlo! Bien atorranta la pobre… perdón
padre, perdón, no soy quién para juzgar los pecados ajenos… si padre, me
arrepiento, en nombre del padre, del hijo y del espíritu santo. Amén… bueno, le
decía, vengo a hablarle de Juanita, Juana Gutiérrez, la petisa con nariz de
hurraca y pelo de quirquincho… ¡esa misma! Pasa que a ella no le gusta mucho
que le digan La Murciélago ¿vió? No queda muy lindo… si padre yo quiero ir al
grano, pero si usted me interrumpe cada dos segundos no puedo… resulta que
Juanita fue a la feria de los jueves a comprar la verdura de la semana. Usted
sabrá, padre, que en el mercado ya no se puede comprar por los precios tan
altos. Resulta que en el puesto de cereales, el que está al lado de Doña Tita,
se encontraba nada más y nada menos que Juana Di Carlo… ¡ay padre! ¿¡Cómo va a
decir que es una atorranta!?... bueno, está bien, no grito ¿pero cómo va a
decir eso? Está bien que Dios perdona, pero usted se va al carajo… mil
disculpas padre, mil disculpas, no quería yo faltarle el respeto ni mucho
menos… sí, continuo. Se encontró con Juana Di Carlo y le contó que había visto
a su marido, el de Juanita Gutiérrez, en el cabaret… si, padre, el mismo ¡ese
que alberga al demonio, al mismísimo diablo, el que encierra a Satanás en sus
paredes, el que ultraja la dignidad de la especie, el que cosecha pecado tras
pecado, el que siembra el mal! ¡Ese padre, ese lugar clandestino que tiene el
nombre de “Pase el que sigue”!... claro, imagínese ¡la desesperación de la
pobre Juanita! Lo primero que hizo fue correr a pedirme auxilio. Yo le dí un
consejo muy sabio, dígame usted si he cometido un error… pues le dije que debía
seguirlo… ¡por supuesto que lo siguió padre! ¿Acaso también es pecado?... bueno
¿Qué le hace una mancha más al tigre? No se me haga el espantado ahora… lo
siguió y lo siguió y lo siguió, le costó un poco porque se le rompió el taco
alto e iba rengueando en plena vía pública ¡imagínese esa imagen padre! ¡Imagínela!
La pobre renga y fea siguiendo al marido. Pero lo encontró ¡tenía cola de paja
el sinvergüenza! ¡Frecuentaba el antro maligno vaya a saber uno desde cuándo!...
¿Qué le parece a usted que hicimos? Desde luego que fuimos a visitar a la
Carlota, está bien que sea una bruja pero ella hace el bien… que hace el bien
padre, de verdad le digo… ¿no me cree? Déjeme terminar la historia. La Carlota
nos contó que el marido de Juanita estaba poseído por el diablo y que por eso
concurría a semejante sitio. Tal es así, que nos recetó unas gotitas de
zorrino. ¡Divinas y santas!... pues sí padre, sabe que si tenían olor ¡pero que
valió la pena el padecimiento! Satanás abandonó el cuerpo del pobre y dejó de
inducirlo a la tentación… ¿Qué cuál es el propósito de todo esto? ¡yo no lo
entiendo padre! ¿no se supone que usted habla con Dios? ¡por eso mismo!
¡cuentelé las aventuras de la Cloti! ¡se debe re-divertir! ¡preguntelé padre,
preguntelé!... ¿Cómo que no? ¿se va a negar a un pedido de esta pobre hija
cristiana?... pues entonces pregunte hombre… ¿y? ¿Qué dijo?... ¿Cómo que no le
contesta?... escúcheme una cosita Dios, yo entiendo que somos muchas almas en
este mundo y que usted se reparte como puede, más vale que no lo hace de malo,
con algunos no llega porque el diablo interviene con sus garras pero sus
intenciones son siempre buenas, yo sé que sí. Ahora bien ¿o no que le gusta que
yo venga a hablar con el padre? (…) ¡Tomá! ¡Te dije que le iba a gustar! Me
contesto que si ¿Cómo le quedó el ojo padre? ¿eh? ¿Cómo le quedó?
Julieta
08/08/2013
Como me divierto leyendo estas cosas.
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