La caricia inventa la piel del cuerpo, le da relieve y espesura, extensión y volumen. la caricia, a su vez, unifica las salientes de la piel, el vello, las arrugas, los lunares, las depresiones. La mano que acaricia reúne todo en ella y, sin ignorar sus diferencias, las aúna en la palma, las agrupa en un tacto generoso. Su paso unifica.
Acariciar es fundar un orden, situar un ámbito, temporalizar un espacio.
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