lunes, 23 de junio de 2014

Nuestra condición humana está hecha de historia. Cada vez que nos enfrentamos como hombres y mujeres, como ciudadanos, como colectivo nacional, a las imágenes que nos devuelve el espejo del pasado, comprobamos que la materialidad del presente -eso que podemos evaluar con mayores o menores logros y carencias- se resume en esa particular dimensión del hombre que damos en llamar historicidad. Es decir, ni más ni menos, la conciencia de que hemos sido conformados por el tiempo, y no de una manera azarosa; no como tiempo que sucede y transcurre nada más, sino como tiempo histórico social.
Así, el espejo del pasado también nos devuelve la certeza de que si la historicidad, ese armazón histórico de nuestra vida social presente, se retirase, toda la estructura de nuestra existencia se desplomaría. Esto es lo que les pasa a los pueblos cuando olvidan -o les hacen olvidar, o les tergiversan- su pasado.

Profesor Alberto Sileoni
Ministerio de Educación de la Nación

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