miércoles, 20 de agosto de 2014

El mito, por ejemplo, de que el orden opresor es un orden de libertad. De que todos somos libres para trabajan donde quieran. si no les agrada el patrón, pueden dejarlo y buscar otro empleo. El mito de que este "orden" respeta los derechos de la persona humana y que, por lo tanto, es digno de todo aprecio. El mito de que todos pueden llegar a ser empresarios siempre que no sean perezosos y, más aún el mito de que el hombre que vende por las calles, gritando "dulce de banana y guayaba" es un empresario tanto como lo es el dueño de una gran fábrica. El mito del derecho de todos a la educación cuando, en Latinoamérica, existe un contraste irrisorio entre la totalidad de los alumnos que se matriculan en escuelas primarias de cada país y aquellos que logran el acceso a las universidades. El mito de la igualdad de clases cuando el "¿sabe usted con quién está hablando?" es aún una pregunta de nuestros días. El mito del heroísmo de las cases opresoras, como guardianas del orden que encarna la "civilización occidental y cristiana", a la cual defienden de la "barbarie materialista". El mito de su caridad, de su generosidad, cuando lo que hacen, en cuanto clase, es un mero asistencialismo, que se desdobla del mito de la falsa ayuda, el cual, a su vez, en el plano de las naciones, mereció una severa crítica de Juan XXIII. El mito de que las elites dominadoras, "en el reconocimiento de sus deberes", son las promotoras del pueblo, debiendo éste, en un gesto de gratitud, aceptar su palabras y conformarse con ella. El mito de que la rebelión del pueblo es un pecado en contra de Dios. El mito de la propiedad privada como fundamento del desarrollo de la persona humana, en tanto se considere como personas humanas sólo a los opresores. El mito de la dinamicidad de los opresores y el de la pereza y la falta de honradez de los oprimidos. El mito de la inferioridad "ontológica" de éstos y el de la superioridad de aquéllos.
Todos estos mitos, y otros que en el lector seguramente conoce y cuya introyección por parte de las masas oprimidas es un elemento básico para lograr su conquista, le son entregados a través de una propaganda bien organizada, o por lemas, cuyos vehículos son siempre denominados "medios de comunicación de masas".


Pedagogía del oprimido
Paulo Freire

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