lunes, 18 de agosto de 2014

Hace exactamente dos cuartos de hora que estoy parado en el edificio. Ya mi pereza se está volviendo cansancio y tu silueta despampanante aún no llega. Observé por la hendija no sé cuántas veces y nada.
Un hombre taciturno y cabizbajo se acercó lentamente y me entregó un sobre. lo miré un tanto asombrado. Se marchó jurándome que se encontraba totalmente ajeno a lo que éste contenía.
Lo abrí, empalidecí de golpe al reconocer tu letra. Comprendí que no íbamos a volver a vernos, que mi yo no iba a encontrarse con tu ello, que el invierno no iba a encontrarse jamás.

No hay comentarios:

Publicar un comentario