Observó mi cara de sufrimiento, su rostro
frío e inexpresivo. Contempló mis lágrimas y hasta quiso abrazarme. Miró con
odio a sus ojos, a pesar del profundo amor que le tenía. Pero sobre todas las
cosas, sintió el dolor latente y punzante en mi pecho. Como una herida abierta
desangrando a borbotones, una caída libre, un agujero negro, profundo y sin
fin.
Revivió su partida. Su silueta oscura
alejándose sin remedios, ni contención, ni explicaciones. Se cuestionó
abiertamente el por qué y no halló la respuesta. Dió vueltas por donde nadie
hubiera imaginado, pero no la encontró y hasta llego a pensar que no tenía
por qué saberla.
Y juró. Juró nunca más volver a enamorarse.
No hay comentarios:
Publicar un comentario