domingo, 11 de septiembre de 2016

Observó mi cara de sufrimiento, su rostro frío e inexpresivo. Contempló mis lágrimas y hasta quiso abrazarme. Miró con odio a sus ojos, a pesar del profundo amor que le tenía. Pero sobre todas las cosas, sintió el dolor latente y punzante en mi pecho. Como una herida abierta desangrando a borbotones, una caída libre, un agujero negro, profundo y sin fin.
Revivió su partida. Su silueta oscura alejándose sin remedios, ni contención, ni explicaciones. Se cuestionó abiertamente el por qué y no halló la respuesta. Dió vueltas por donde nadie hubiera imaginado, pero no la encontró y hasta llego a pensar que no tenía por qué saberla.
Y juró. 
Juró nunca más volver a enamorarse.

No hay comentarios:

Publicar un comentario