Allá por el año
no me acuerdo, en una situación olvidadiza y en la hora perfecta; Tiempo se
apareció ante nosotros. Llevaba puestas bufandas extensas y anteojos de arena,
con un aspecto tan cansado como si no hubiera dormido en siglos.
Nosotros
permanecimos perplejos, nunca habíamos visto algo semejante. Creímos que venía
de otra galaxia, o algo parecido, no teníamos ni idea de lo que podría llegar a
ser. Lanzó un bostezo que espantó a más de uno y se presentó con una voz que
estremeció a toda la Tierra.
Después de
semejante situación, varios habían huido despavoridos y solo Kawa, Peue, Sixo,
yo y algún que otro más permanecimos ante él. Se lo veía molesto, testarudo,
algo impaciente y con mucho, mucho, mucho, mucho cansancio.
Fue directo al
punto, claro y sin vueltas, venía a pedir permiso para detenerse. Había
trabajado durante siglos enteros, nunca un franco, un feriado, por lo menos un
receso. Jamás. Estaba exhausto y era entendible, toda su vida había corrido,
girado, transcurrido, sin parar un segundo.
Le respondimos
que aquello tendríamos que conversarlo con los demás. No era una decisión
simple y ya, ¡no! Había que analizarla, debatirla. Estuvo de acuerdo y prometió
volver al día siguiente.
Las asambleas
duraron horas y horas. Cuando se estaba por llegar a un acuerdo, el debate comenzaba otra vez, y el convenio se tiraba
al tacho. Luego de gritos, llantos, enojos, desesperaciones, subidas y bajadas
de presión, se llegó a un resultado.
Tiempo se
presentó tal como lo había dicho, a la hora precisa ¿Quién mejor que él para
determinar los minutos y los segundos? Lo cierto es que llegó un poco más
tranquilo, pero con el doble, o quizás el triple, de cansancio que el día
anterior.
Le contamos todo
lo que había pasado, con lujo de detalles. Al principio se alarmó pero cuando
le dimos la respuesta final, una enorme sonrisa opacó sus ojeras.
-
Les
aseguro que no se van a dar cuenta – nos dijo – no me tomaré mucho tiempo.
La verdad es que
nunca nos dimos cuenta.
Dicen algunos que
cuando el tiempo se detuvo, nosotros también lo hicimos y que cuando el tiempo
volvió a correr, nosotros continuamos viviendo. Que es probable, que al ver la
facilidad del asunto, lo haya hecho otras veces y nosotros no nos dimos por
aludidos.
Pero, al fin y al
cabo, él solo deseaba dormir un rato. No es tan grave ¿no?
Cuento infantil
09/08/2011
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