miércoles, 22 de enero de 2014

Un día

Allá por el año no me acuerdo, en una situación olvidadiza y en la hora perfecta; Tiempo se apareció ante nosotros. Llevaba puestas bufandas extensas y anteojos de arena, con un aspecto tan cansado como si no hubiera dormido en siglos.
Nosotros permanecimos perplejos, nunca habíamos visto algo semejante. Creímos que venía de otra galaxia, o algo parecido, no teníamos ni idea de lo que podría llegar a ser. Lanzó un bostezo que espantó a más de uno y se presentó con una voz que estremeció a toda la Tierra.
Después de semejante situación, varios habían huido despavoridos y solo Kawa, Peue, Sixo, yo y algún que otro más permanecimos ante él. Se lo veía molesto, testarudo, algo impaciente y con mucho, mucho, mucho, mucho cansancio.
Fue directo al punto, claro y sin vueltas, venía a pedir permiso para detenerse. Había trabajado durante siglos enteros, nunca un franco, un feriado, por lo menos un receso. Jamás. Estaba exhausto y era entendible, toda su vida había corrido, girado, transcurrido, sin parar un segundo.
Le respondimos que aquello tendríamos que conversarlo con los demás. No era una decisión simple y ya, ¡no! Había que analizarla, debatirla. Estuvo de acuerdo y prometió volver al día siguiente.
Las asambleas duraron horas y horas. Cuando se estaba por llegar a un acuerdo, el debate  comenzaba otra vez, y el convenio se tiraba al tacho. Luego de gritos, llantos, enojos, desesperaciones, subidas y bajadas de presión, se llegó a un resultado.
Tiempo se presentó tal como lo había dicho, a la hora precisa ¿Quién mejor que él para determinar los minutos y los segundos? Lo cierto es que llegó un poco más tranquilo, pero con el doble, o quizás el triple, de cansancio que el día anterior.
Le contamos todo lo que había pasado, con lujo de detalles. Al principio se alarmó pero cuando le dimos la respuesta final, una enorme sonrisa opacó sus ojeras.
-          Les aseguro que no se van a dar cuenta – nos dijo – no me tomaré mucho tiempo.
La verdad es que nunca nos dimos cuenta.
Dicen algunos que cuando el tiempo se detuvo, nosotros también lo hicimos y que cuando el tiempo volvió a correr, nosotros continuamos viviendo. Que es probable, que al ver la facilidad del asunto, lo haya hecho otras veces y nosotros no nos dimos por aludidos.
Pero, al fin y al cabo, él solo deseaba dormir un rato. No es tan grave ¿no?


Cuento infantil
09/08/2011

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